El Jardín Indiano

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Cómo cambiar el «la gente no se une»

¿La gente no se une? ¿Desconfían los unos de los otros? No hacen falta cursos, hacen falta causas, no hacen falta profundas introspecciones anímicas, hace falta distribuir responsabilidades y ponerse manos a la obra a trabajar.

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En tiempos de descomposición la cultura se hace oscura, da por hecho el «sálvese quien pueda», abraza el derrotismo, el sueño de un mundo mejor es sustituido por el perverso deseo de catástrofes que exoneren a las alternativas de demostrar a escala comunitaria que son capaces de mejorar la vida de todos. En ese ambiente donde el desastre se quiere irremediable, lo común se representa como un sacrificio de la individualidad y lo comunal, si es que llega a funcionar, como el complejo resultado de un barroco sistema de reglas que clama por su propia burocracia. En un mundo donde el miedo se convierte en ideología, las soluciones autoritarias se legitiman y a su vez alimentan una espiral de desesperación, pasividad y tedio. «Congelamos» como los pajaritos tras un shock, incapaces de racionalizar, de disfrutar y de tomar riesgos, desesperanzados ante toda forma de confianza con los suyos, como decía una amiga ayer desde Curazao, «las personas no se unen».

La responsabilidad va antes de la confianza

refugiados italia 1950Belden Paulson es un viejo militante comunitarista americano. En los años 50 se embarcó en una aventura para asentar en Cerdeña a los refugiados que tras la guerra habían quedado estancados en Napoles. Tras años de huida y vida dependiente en campos con condiciones misérrimas, las relaciones sociales se descomponían. Las autoridades no confiaban en su proyecto y por lo que cuenta sus beneficiarios aun menos. Y sin embargo, funcionó. Los refugiados comenzaron en Cerdeña a trabajar físicamente juntos, con el trabajo en común comenzaron a aprender juntos nuevas habilidades y a disfrutar de hacerlo. Conforme se recuperaba el orgullo individual, prendía la capacidad para confiar en los demás.

Cuando el proyecto se demostró un éxito Paulson preguntó a un psiquiatra cómo había podido salir tan bien. El psiquiatra le dio dos claves. Según él, la confianza de los demás restauró la fe en la vida de cada uno, pero también ayudó la mirada de los activistas: nunca se leyeron los dossieres que relataban la vida y miserias de cada refugiado. Según el psiquiatra gracias a eso, a no conocer los problemas y traumas con los que cargaban, creyeron en ellos y sus potencialidades sin sombra de dudas y éso se transmitió en sus propuestas. Los refugiados no necesitaban experiencias dulcificadas, que tuvieran en consideración sus limitaciones. Al contrario: necesitaban que se les adjudicaran responsabilidades, que se les pusiera el listón donde se le pondría a alguien fuerte, seguro de sí mismo y perfectamente autónomo.

Conclusiones

acuarela kibutzPodemos sacar tres lecciones muy prácticas de esta historia:

  1. El supuesto «ser» de cada uno, sus traumas y dolores pasados, es un lastre. Pensar que la identidad y la intimidad se construyen compartiéndolos es un error de adolescentes. La confianza no nace de lo que en ese sentido «somos», sino de lo que somos capaces de hacer por los demás y los demás por nosotros.
  2. Las experiencias turistificadas no ayudan a superar la indefensión que el entorno alimenta. No hay «vacunas» para el carácter y la confianza en uno mismo. Tomar responsabilidades sin edulcorar es el camino.
  3. Conquistar el trabajo, transformar el entorno, ver resultados materiales al ingenio y el esfuerzo, ver sobre todo, que sirven a los que nos rodean y elevan las expectativas que tienen de nosotros y que todos tenemos del hecho de trabajar juntos, es lo que «hace comunidad».

¿La gente no se une? ¿Desconfían los unos de los otros? No hacen falta cursos, hacen falta causas, no hacen falta profundas introspecciones anímicas, hace falta distribuir responsabilidades y ponerse manos a la obra a trabajar.

«Cómo cambiar el «la gente no se une»» recibió 10 desde que se publicó el Lunes 22 de febrero de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Los indianos dice:

    Cómo cambiar el «la gente no se une» https://lasindias.com/como-cambiar-el-la-gente-no-se-une ¿La gente no se une? ¿Desconfían los unos de los otros? No hacen falta cursos, hacen falta causas, no hacen falta profundas introspecciones anímicas, hace falta distribuir responsabilidades y ponerse manos a la obra a trabajar.

  2. @lasindias @david Volví al terminar de leerlo sobre esta frase: «la confianza de los demás restauró la fe en la vida de cada uno». La encuentro muy importante, como también las limitaciones de las aventuras turistificadas. Por un lado, eso me lleva a pensar que el propósito individual es mucho más frágil que el comunitario, por muy pequeño que sea el grupo que lo conforma. Por otro, deja las propuestas turistificadas como ejercicios lúdicos para ganar confianza entre los miembros de un grupo. Algo que puede ser útil en un primer momento pero que no puede ser el centro de la acción.

  3. @nat cada vez tiendo más a mirarlo todo desde la idea de «la conquista del trabajo», si una actividad sirve para acercarse a sentir lo que es y representa el trabajo -la capacidad colectiva de transformar el medio social y natural- entonces «funciona», pero también caduca. Si consigue efectivamente que los que participan descubran y hagan suya su capacidad para trabajar colectivamente, si se pasa de «actividad» a trabajo con resultados permanentes, perdura. Es decir, cuanto menos se «turistifique» mejor.

  4. @nat @lasindias @david Creo que el trabajo responsable del que uno pueda sentise orgulloso es el camino para recuperar la confianza, sin embargo, percibo una resistencia tremenda a la responsabilidad en general. Creo que no tanto por compartir experiencias dolorosas, siempre que no se conviertan en victimizacion sino en acicate (pienso en comunidades tipo Walden), como el miedo extremo y hasta el rechazo moral a comprometerse con otros. En vez de ello, lo que impera es un individualismo atomizante y una versión de familia similar, evitando las conexiones organicas con el entorno y un «nosotros» más amplio y vigorizante. Bueno, está el «nosotros» del estado y la nacion, pero hasta con esas se trate de «que lo hagan otros».

  5. @nat @lasindias @david Si os contara el delirio de un grupo de 30 personas que me invitó ayer a pasar un fin de semana a finales de marzo en una masia… para organizar algo tan sencillo, empezaron a aflorar toda clase de mezquindades y bajezas, hasta que antes de que pasaran 24 horas de haber recibido la invitación, la decliné. Y eso que no era organizar una cooperativa, sino pasar tres días de campo…

  6. @david Completamente de acuerdo! es como lo que comentábamos el otro día a raíz del post sobre la cultura. La satisfacción al terminar un trabajo, más aún cuando se trata de algo que le «corresponde» hacer al estado, como un depósito de agua, es de verdad empoderadora.

  7. Odín dice:

    @lasindias @david Pienso que para más de uno el "Facio ergo sum" puede ser todo un descubrimiento; y me ha gustado especialmente que, en la historia de Paulson,  de ello se siguiera algo como "la confianza de los demás restauró la fe en la vida de cada uno" (afirmaciòn que no pierde ninguna fuerza fuera de esa historia). Instructivamente hermoso, el post! 🙂

  8. Odín dice:

    @nat @lasindias @david Claro que es más frágil, de igual modo que las ideas fraguadas en la comunidad, en el grupo, tienen más bazas de ser más ricas, más potentes, más ambiciosas y, por supuesto, más articuladas y con un panorama de matices más amplio y sutil. Para que el individuo sea un genio tiene que darse casi un milagro; y con o sin milagro, desde lo indivual se llega más fácilmente a la cerrazón (aislamiento, alejamiento) y, de esta, al miedo y sus grietas (inseguridad, fragilidad).

  9. Odín dice:

    @gustavo @nat @lasindias @david Puede que esa "responsabilidad en general" sea propia de generaciones crecidas en entornos asépticos contra ella (a causa de la evitación: han aprendido a evitar responsabilidades porque no les han dejado tenerlas). Cuando el fruto de ejercer responsabilidad no es directo, cuasi inmediato ni fructifica en uno mismo, el acto responsable es como líquido sobre un aprendizaje oleaginoso.

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