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Ateísmo 2.0

Virtus de de BottonLlamamos ateísmo 2.0 a la recuperación de prácticas simbólicas y ceremoniales por parte de personas, grupos y comunidades activa y públicamente ateas. El fenómeno tiene una gran relevancia social por estar ligado a la secularización y recuperación popular de fiestas como Halloween/Lemuria y Navidad/Saturnalia, y llama la atención por suponer la reaparición de una cierta ceremoniosidad comunitaria.

En conjunto, se trata de una serie de fenómenos sociales parejos a la descomposición del nacionalismo y su crisis como gran ceremonial secular.

El ateísmo 2.0 como movimiento filosófico

Paralelamente al movimiento social aparecen una serie de grupos de «activismo filosófico» que a partir de la enseñanza y la reinterpretación de los clásicos, especialmente estoicos y epicúreos– proponen distintas formas de «vivir significativamente» sin dioses.

Propuesta de templo londinense de de BottonUno de los teóricos y activistas más conocidos de este movimiento y creador además del término, es Alain de Botton, autor de «Religion for atheists» y «Art as Therapy». Retomando una idea explícita en Cicerón y común a cualquier persona culta de los tiempos republicanos, de Botton afirma que hay símbolos, alegorías y metáforas que ayudan a reflexionar sobre valores, nos ayudan a generar significados, construir vidas interesantes y reafirmarnos en las virtudes seculares en las que basamos nuestros proyectos vitales. Como forma de difusión tomará el camino de un cierto Activismo de mercado canalizado a través de «The School of life», una escuela de filosofía práctica que comercializa productos y cursos ligados a los valores que promueve y que se promociona a través del blog «The Philosofer’s Mail».

Esta mezcla de preocupación ética, modelos de vida y elementos de ceremoniosidad ligados a la importancia que otorga a la palabra «comunidad», dan al ateísmo 2.0 bottoniano un aire de reconstruccionista inconfeso, pues el modelo propuesto por de Botton recuerda mucho a la «religio» romana. Seguramente sea esto lo que ha llevado a los críticos tanto creyentes como «moto-ateístas» a definir el «ateísmo 2.0» como una «religión para ateos». La respuesta palabras de Jules Evans, él mismo un activista neoestoico:

No se si una tradición tan amplia y heterogénea [como la de la Filosofía clásica] podría ser una «religión», pero diría que es el mejor fundamento que una sociedad puede tener y que el estoicismo es una parte importante de esa tradición socrática.

En una línea coincidente, Alexander Bard, el creador del término netocracia, ha lanzado su propia propuesta: el «Sinteismo», un intento de basar en metáforas tecnológicas y científicas la experiencia de lo espiritual sin salir de un ateo.

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El entorno del ateismo 2.0: El activismo filosófico

idler-shopPero las de Evans o de Botton no son en realidad iniciativas aisladas. En 2008 Michel Onfray lidera el lanzamiento de la Universidad Popular de Caen, recuperando una forma decimonónica republicana y dándole foco en la enseñanza de la Filosofía y sus consecuencias prácticas desde un espíritu inspirado por la filosofía materialista clásica. Y en 2011 Tom Hodgekinson, que ya había publicado en 2005 «Elogio a la pereza» y en 2006 «Cómo ser libre», lanza «The Idler Academy» una nueva iniciativa dedicada a la enseñanza de la filosofía clásica y todo tipo de saberes prácticos (como el ukelele).

Todos estos modelos, se dicen inspirados por el epicureísmo pero no queda claro si su objetivo último es construir una comunidad para vivir una vida epicúrea o ganar influencia social. Esta ambigüedad les ha valido la crítica de Evans:

Ambas escuelas [se refiere a las de de Botton y Hogdgekins, pero también valdría para la escuela de Onfray] tienen un busto de Epicuro en su atrio. Ambas organizaciones han tenido un éxito admirable llevando la Filosofía más allá de la academia y devolviéndola a la vida cotidiana. Pero son bastante diferentes del «Jardín de Epicuro»: los estudiantes no viven juntos, no comparten sus recursos, no dedican sus vidas a una determinada filosofía ética o un modo de vida. No piden nada de la gente que atiende sus clases más allá del precio de la entrada.

La construcción de una estructura de compromisos con su entorno social parece efectivamente el principal problema de estos grupos de activismo filosófico. Y es que estas escuelas se sostienen sobre un modelo de activismo de mercado cuyo núcleo es una reinterpretación/revivificación de la «Universidad Popular» laicista de finales del siglo XIX con elementos del mundo de la consultoría y, en el caso del ateísmo 2.0, la perspectiva de una ceremoniosidad distintiva para la que se producen espacios y objetos simbólicos.

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